martes, 28 de abril de 2009

Garzon Y Collazos un Duo Inolvidable

Garzon Y Collazos


La música que escuchó el ya legendario conde Gabriac (un seudónimo, según algunos) era la que a finales del siglo pasado había ya tomado visos de nacionalismo, con la amalgama tri-étnica que caracteriza nuestro folclor. Bambucos, guabinas, danzas y contradanzas, valses, etc., eran interpretados profusamente en casas de familia y los extramuros de Ibagué. Estos aires, junto con el naciente pasillo y los ritmos llamados fiesteros: sanjuaneros, torbellinos, rajaleñas, cañas (el ritmo tolimense por excelencia, rescatado por Cantalicio Rojas en Natagaima), del llano calentano y sus pequeñas provincias, forjaron la música del Tolima Grande, que mantuvo su identidad rural hasta su entrada en la Ciudad Musical.
Fue entonces cuando poetas y escritores de la capital y de las principales poblaciones del departamento enfilaron su producción poética a enriquecer los ritmos terrígenas, por allá en los años treinta. Patrocinio Ortiz, Cesáreo Rocha Castilla, Nicanor Velásquez Ortiz (Timoleón) y María Cárdenas (Luz Estela) formaban ese selecto grupo que compartía la bohemia con músicos importantes liderados por el maestro Alberto Castilla.

En 1938 un dueto integrado por Darío Garzón, oriundo de Girardot pero formado en Ibagué, y Eduardo Collazos, ibaguereño, se impuso en la capital del Tolima. Darío compuso la música que, con los versos de los poetas ya nombrados, resultaría el más preciado legado del pentagrama tradicional de la región. Surgieron entonces Te juré mi amor, El vaquero, El pescador, El boga, etc., obras que darían al dueto la fama que conserva aún hoy, después de muertos sus dos integrantes.

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